martes, 6 de septiembre de 2011

Doctor, Doctor.

-Buenas noches doctor.

-Hola Raúl ¿A qué se debe tu visita?

-Necesito tratamiento urgente, soy gilipollas.

-No te preocupes, es una enfermedad muy común, aún así, antes de precipitarnos, coméntame tus síntomas.

-Veamos... es complicado, últimamente sufro de insomnio doctor, un tormento desconocido me azota en la oscuridad de la noche, es extraño, el sueño me domina pero mi cuerpo no se entrega a él, aún con la mente en blanco.

-Ahá, comprendo...

-La cosa no acaba ahí, la lista de males continúa y al insomnio le siguen los cambios de humor, es... es... difícil de expresar doctor.

-Tengo toda la noche, adelante.

-Digamos que hay instantes en los que querría lanzarme con los brazos abiertos contra todo el mundo, respecto a lo de todo el mundo me refiero a las personas allegadas, usted ya comprende. En cambio, en otras ocasiones, fíjese usted como son las cosas, que el cuerpo, la mente o el alma, como quiera llamarlo, me arrastra hasta la soledad más hermética, de la que se alimentan el resto de mi lista de achaques.

-¿Quieres decir que aún hay más síntomas?

-No muchos más, algunos, pero no se vaya a pensar usted que soy hipocondríaco o algo así, simplemente quiero un diagnóstico acertado. No me malinterprete, no dudo de su precisión, solo es para mí tranquilidad.

-No te preocupes, ya le he dicho que tenemos tiempo de sobra, así que tranquilízate que te noto algo tenso y continúa con tu oratoria.

-De acuerdo, espérese que recupere el hilo... uhm... ¡Ah sí! Estaba acabando de decirle lo de mis cambios de humor. También sufro de una nostalgia irremediable la mayoría del tiempo, me vienen cosas a la cabeza, reflejos, flashes e instantes que poca lógica tiene adherirlas a mis reflexiones presentes, digo yo, quizás me equivoque... quizás, quizás... ¡Malditos quizases! ¡Estoy harto de ellos! Aparecen por todos lados, agrietan tus decisiones, se cuelan entre la ilusión de tu certeza, lentamente, como el agua en las rocas cuando se congela, se filtran cuidadosamente y cuando la temperatura baja, el agua, al igual que la duda se hace más sólida que la propia roca y la resquebraja haciéndote creer que el hielo es roca y que la duda es certeza. Entonces crees que una cosa es la opuesta hasta que el calor del alba derrite el agua y funde la solidez de la duda, devolviéndola a su estado líquido [...] Perdone doctor, como ya le he dicho, mi estabilidad anímica no es la más consistente.

-No padezcas Raúl, te comprendo y entiendo tu desazón, créeme.

-¿De veras? Entonces supongo que estaba en lo cierto, soy gilipollas entonces.

-No creas Raúl, aunque nunca hay suficiente información para descartar tal cosa, yo creo que es solo un síntoma más, hablo de que te sientas así, imagino que en tu lista también habrá algo de frustración y angustia ¿ Me equivoco?

-Ahora que lo dice sí, se nota que usted sabe de esto. Me inquieta eso que dice, que el hecho de que me sienta así es solo algo que forma parte de mi enfermedad.

-Yo no he dicho que estés enfermo, el cuerpo reacciona a ciertas situaciones de determinadas maneras. Y lo que creo, es más, estoy seguro de que todo ese conglomerado de síntomas señalan hacia una dirección. Raúl, tienes miedo.

-¿Miedo? ¿De qué habla doctor? Si hay veces que me flagelo por lo contrario, por no sentir nada de él, me pregunto constantemente por qué no me domina cuando en una situación así él debería controlarme a su merced.

-No hablo de ese tipo de miedo, Raúl, aún así es curioso eso que me acabas de comentar. Hablo de un tipo de éste poco común, es más, no sabría si calificarlo como tal. Digamos que es el malestar que el conocimiento de un cambio inminente provoca en el paciente. No es nada grave.

-¿Me receta algo?

-Calor humano, todo el que tu cuerpo pueda absorber. Abraza y déjate abrazar. Amigos, familia y amante. Dedícales los días y horas previos al cambio y verás como tu estado remite hasta desaparecer.

-Muchas gracias doctor, eso haré.

-Oye Raúl, una última cosa como doctor antes de que te vayas ¿Cuándo dejarás de hablar contigo mismo?

-Que sepa que no está mal tenerle a usted como alter ego, esto todo un honor, nunca sabe uno cuando va a necesitar un doctor. Así que creo que usted va a poder cansarse de mí.

-Será un placer, no olvides pagar al salir, en efectivo, como siempre.

-Así será. Un cordial saludo doctor, nos vemos.